H. IGNACIO ÚCAR URSÚA: SER HIJO DE DIOS Y HERMANO DE JESÚS

“Ser hijo de Dios y hermano de Jesús es la identidad primera y más honda de toda  persona.  Vivir  esa  identidad,  siendo  sencillamente   hermano,  es  la esencia de tu vocación cristiana” (RV, 3). Con estas palabras se dirige nuestra Regla de Vida a cada hermano para recordarnos el propósito de nuestra existencia. Con estas mismas palabras quiero recoger la vida de nuestro hermano Ignacio. Porque él ha vivido el espíritu de nuestro Fundador, San Marcelino Champagnat, y ha encontrado la plenitud en una vida religiosa empeñada en buscar a Dios entre los hombres, entre los hermanos, en los pequeños detalles de fraternidad, en la devoción a la Buena Madre, en los quehaceres de cada día.

El H. Ignacio Úcar Ursúa nació en San Martín de Unx (Navarra) hace casi 85 años. A los 13 ingresa en el juniorado de Arceniega. Tras el noviciado hace su primera profesión a los 18. Cinco años más tarde, el día de la Asunción de María, profesa a perpetuidad. Ha estado en las comunidades de Cartagena, Denia, Valencia, Murcia, Roma, Benimamet, Cullera, Algemesí, Quart de Poblet y Torrente.

Foto de su visita al colegio en el 2017.

Desde el accidente que sufrieron los hermanos el pasado sábado, se ha estado debatiendo entre la vida y la muerte. Los médicos han estado haciendo todo lo posible. Al final, su cuerpo dejó de responder y se apagó la tarde del jueves.

Quiero traer a nuestro recuerdo a su familia, a la que él tanto quería y que tan pendiente ha estado de él en todo momento durante esta semana. Y, a la vez, agradezco a la comunidad de hermanos el talante con el que afrontan estos días de dolor. A los hermanos  Millán y Aureliano  les doy las gracias sinceramente  por su labor de acompañamiento y cuidado.

Os  transmito  el  saludo,  la  cercanía  y  la  oración  del  H.  Ernesto,  nuestro Superior General, y de su Consejo. Han sido muchas las nuestras de afecto que hemos recibido en estos días. Hemos sentido de cerca vuestro apoyo y vuestro afecto. Y esto ha sido muy valioso para nosotros. ¡Muchas gracias!

Permitidme que comparta con vosotros lo que considero dos grandes regalos que el H. Ignacio nos ha dejado a los que lo hemos conocido:

EL TESTIMONIO DE UNA VIDA ENTENDIDA DESDE DIOS

Era un hombre espiritual en el sentido más genuino de la palabra. Un hermano que vivía la oración como el respirar, como una acción imprescindible para que la vida sea vida. Leía desde Dios todo lo que iba sucediendo cada día. Desde  Dios  miraba  a  las  personas  con  las  que  se encontraba  y desde ahí, desde Dios, nos regalaba a todos una sonrisa casi permanente. Dios era para él la luz, el sol que iluminaba cada jornada.

Y esto lo expresaba de muchas maneras. Una de ellas, que él apreciaba mucho, era el canto que utilizaba en la liturgia en comunidad y también, desde que llegó a Denia, en el “orfeó” de esta ciudad, donde él participaba con tanto entusiasmo.

Desde esta perspectiva, buscaba cualquier oportunidad para compartir la fe. Así, en estos años ha estado formando parte de la fraternidad marista, donde era compañero de camino y animaba a otros a vivir desde la espiritualidad de Champagnat.

EL TESTIMONIO DE UNA VIDA ENTENDIDA DESDE EL SERVICIO

Ignacio buscó siempre estar donde hiciera falta, donde pudiera ser útil a los demás. Pasó muchos años al servicio de los hermanos mayores, acompañándolos en esa siempre difícil etapa de la ancianidad. Entendió su vida desde el servicio, y supo como nadie acompañar a los demás en el dolor. Y esto no es fácil ni frecuente. Él lo hacía con naturalidad, viendo siempre más allá de la vulnerabilidad, descubriendo la huella de un Dios Padre en medio de la debilidad.

A lo largo de su vida, además, estuvo comprometido en la educación de niños y jóvenes en diversos contextos, no siempre fáciles, aunque realmente apasionantes. Por ejemplo, formó parte de la primera comunidad de Cullera cuando iniciaba el colegio San Vicente Ferrer, del que fue fundador y director en la década de los 80. Soy testigo de lo importante que ha sido para él esta etapa de su vida y las personas que allí conoció.

Estuvo en otros colegios y también se comprometió  en atender  a niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad.  De hecho, ha estado en las obras de Benimamet, del Barrio del Cristo y, antes de llegar a Denia, en el Hogar de Torrente.

El H. Ernesto Sánchez, nuestro Superior General, se refiere a los hermanos mayores como “hombres que se han dado de lleno a la misión marista a lo largo de los años” y como “hombres llenos de experiencia y de entrega fiel”. Estas palabras también las podría decir de nuestro hermano Ignacio. Así lo podemos recordar.

Ahora, cuando nos despedimos de él, nos dirigimos hacia ti y te damos gracias, Dios de la vida sin fin y del amor sin medida, por el regalo de nuestro hermano Ignacio. Él  nos  ha  enriquecido  con  el  testimonio  de  su  fe  y  su entrega. Su vida nos ha hablado de ti, de tu ternura y tu misericordia. Seguirá acompañándonos hasta que nos encontremos en ti, en un abrazo definitivo y pleno.

H. Juan Carlos Fuertes Marí, Provincial