La ONGD SED se une a la celebración del aniversario de los Hermanos Fernando, Servando, Julio y Miguel Ángel, también conocidos como los Mártires de Bugobe. Cuatro figuras clave dentro del mundo marista que simbolizan el compromiso, la entrega y el sacrificio por los demás. Hermanos que fueron asesinados en el Zaire, durante el conflicto armado en 1996, por no huir en busca de protección y quedarse al lado de los más vulnerables.

Como homenaje, SED ha lanzado un proyecto promovido junto con la Secretaría de la Región Europea Marista (REM) con el objetivo de financiar el 70% de la construcción de las infraestructuras del 3º bloque de secundaria del Colegio Marcellin Champagnat en Korhogó, en Costa de Marfil. Un proyecto educativo al servicio de la infancia africana, aquella por la que hace 25 años, los Hermanos dieron la vida.

Para más información sobre el proyecto PULSA AQUÍ.

Para aquellos que no conocéis la historia de los hermanos mártires, os dejo una palabras del H. Ernesto Sánchez, superior general de los Hermanos Maristas:

El próximo domingo, 31 de octubre de 2021, recordamos y celebramos 25 años del asesinato de nuestros hermanos de la comunidad de Bugobe – Nyamirangwe. Eran los HH. Servando Mayor, de 44 años, Miguel Ángel Isla, de 53, Fernando de la Fuente, de 53, y Julio Rodríguez, de 40. Nos unimos hoy en nuestros pensamientos de manera especial a las familias de nuestros cuatro hermanos, a sus Provincias y a sus amigos cercanos que aún sufren su pérdida.

De izquierda a derecha: H. Miguel Ángel, H. Julio, H. Fernando y H. Servando

Creo que la historia es conocida por todos, cuatro hermanos maristas que hacen presencia y atienden a los desplazados por una de las grandes guerras del siglo XX, la guerra de Rwanda y la región de los Grandes Lagos. Una guerra donde murieron violentamente miles de personas. Un desastre humanitario considerado Genocidio.

Campo de refugiados en Nyamirangwe

La comunidad de Bugobe, ubicada en territorio del Zaire (Congo), había iniciado su labor solidaria en octubre de 1994.  La comunidad empezó con seis hermanos ruandeses, pero con el tiempo se vio conveniente una presencia que aportara internacionalidad, integrándose hermanos de más allá de Africa. Dos años después, debido a la guerra continua y al clima político, debieron salir los hermanos africanos quedándose los 4 hermanos españoles Miguel Ángel y Servando en un primer momento y un poco más tarde, Fernando y Julio.

Son hermanos dignos de nuestra admiración y entran en la categoría de los grandes modelos maristas, haciendo parte de tantos otros hermanos que “amaron hasta el final” en los cinco continentes. Valoramos mucho su acto de entrega.  Nos asombra y admiramos su fe, esperanza y caridad, su compromiso, su disponibilidad a dejar la comodidad y la seguridad para ser una presencia marista entre un grupo aislado y frágil como lo era ese gran grupo de desplazados.

H. Servando con algunos niños y niñas

Los hermanos atendían a las personas que huían de su país debido a la guerra. Junto con ellos, recordamos a tantos hermanos y hermanas nuestros en otras partes del mundo que acompañan y han acompañado situaciones semejantes, arriesgándolo todo por amor.

Hacemos notar que los cuatro hermanos fueron asesinados como comunidad. Quiero resaltar el testimonio de vida en común. No fueron cuatro individuos aislados, fue una comunidad marista, trabajando juntos, viviendo en fraternidad.  Discernieron juntos sus decisiones significativas. Estamos llamados a vivir la fraternidad en nuestras comunidades como una experiencia vital, a ser hogares de luz en las situaciones de oscuridad.

H. Miguel Ángel Isla visitando a los niños en el momento de la comida

El título del Libro, editado en 1997, que narra la vida de estos hermanos se llama: Amaron hasta el final. Vivieron el amor de forma que no optaron por conservar la vida, sino de arriesgarla. Hicieron lo que creían que tenían que hacer. Entre los últimos diálogos con el Superior general decían: “No podemos abandonar a quienes ya están abandonados de todos.”

Sin duda que en el interior de cada uno de nuestros hermanos surgía una fuerza profunda que les venía de Dios y de María, y los hizo capaces de una entrega incondicional y total.  Es significativo el Cristo que se encontró entre los escombros de su casa, un Cristo mutilado, recuerdo de Jesús entregando su vida sin límites. 

Estado en el que quedó la cruz del pequeño oratorio

El testimonio de nuestros hermanos, nos anima hoy a todos los Maristas de Champagnat, hermanos y laicos, a “responder con audacia a las necesidades emergentes” y a “caminar con los niños y jóvenes marginados de la vida”, siguiendo la invitación del XXII Capítulo general.

Los invito a que estos días, alrededor del día 31, tengamos un espacio para orar, agradecer y celebrar la vida de nuestros cuatro hermanos de Bugobe. Que sea una ocasión para reflexionar sobre nuestro testimonio actual, personal y comunitario, como familia y como obra educativa, con relación a las situaciones de pobreza y marginación que nos rodean.

Que Maria, nuestra Buena Madre, y San Marcelino Champagnat, continúen inspirándonos en nuestra respuesta al seguimiento de Jesús, amando hasta el final.